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diciembre 07, 2006

Alex Callinicos: Líbano también es la guerra de Bush

artículo aparecido en el periódico británico “Socialist Worker” nº 2011, de 29 de julio de 2006

tomado de Kaosenlared.net

Líbano: Esta es también la guerra de Bush

El apoyo del ataque israelí al Líbano por parte de EEUU es para destruir Hezbolá y enviar un aviso a estos resistentes anti-imperialistas de Oriente Medio, escribe Alex Callinicos.

La guerra en el Líbano es tanto de Bush como del Primer Ministro israelí, Emud Olmert. Y es una apuesta alta.

De acuerdo con el Washington Post, “Desde el punto de vista de la Administración, el nuevo conflicto no es solo una crisis que hay que solucionar. Es también una oportunidad para acabar con una gran amenaza en la región, tal y como Bush cree que está haciendo en Irak”.

“La herida que está ejerciendo Israel a Hezbolá, a la espera que sea oficial, podría terminar la labor de completar una democracia funcional en el Líbano y enviar un mensaje fuerte a los sirios e iraníes que apoyan a Hezbolá”.

Un antiguo oficial de la Administración Bush hizo la siguiente reflexión: “Tienes al oportunidad real para acabar con Hezbolá. Tómala, aunque luego vengan otras consecuencias que tengan que ser solucionadas”.

Bush no sólo ha seguido esta política, dándole a las Fuerzas de Defensa Israelíes (IDF en inglés) todo el tiempo necesario para acabar con Hezbolá.

El New York Times comenta que los EEUU están también haciendo un envío urgente de misiles de precisión auto-dirigidos para que el IDF siga azotando al Líbano.

El cómplice de Bush, Tony Blair, justifica su parte en esta última guerra criminal, argumentando que “un arco de extremismo que cruza la región quiere interrumpir el proceso hacia la democracia y la libertad”.

Hay una parte de verdad en esa afirmación. Estamos enfrentándonos a una crisis que se extiende a lo largo de Asia, desde el Mediterráneo hasta Afganistán.

Sus raíces se hunden en el esfuerzo de EEUU por dominar la región, especialmente después del peor golpe que ellos recibieron –la revolución de 1978-79, que derrocó al régimen pro-estadounidense en Irán.

Para reprimir semejante afrenta, EEUU apoyó a Sadam Hussein en la sangrienta guerra de Irán-Irak de 1980-1988.

La política de EEUU ha llevado, sin embargo, a su propia derrota. La Administración de Ronald Reagan apoyó a Israel, en 1982, en su invasión al Líbano.

La guerra alcanzó su objetivo formal de conducir a la resistencia palestina fuera del Líbano, sólo que creó un enemigo más formidable: Hezbolá.

Fundada con ayuda iraní, Hezbolá tiene un apoyo arrollador entre los musulmanes chiíes, quienes podrían hoy conformar la mayoría de la población libanesa.

Hezbolá disfruta de un enorme prestigio a través del mundo árabe, gracias a la campaña guerrillera que condujo a las tropas de las IDF fuera del Líbano en el año 2000.

La propia Administración Bush, en sus esfuerzos por rehacer la región, ha inclinado la balanza a favor de Irán. Al derrocar el régimen baathista de Sadam Hussein, incrementó el poder de la mayoría chií iraquí, que fueron ferozmente represaliados bajo Sadam.

Redes cercanas de parentesco y educación conecta a los clérigos chiíes del Líbano, Irak e Irán. Los EEUU respondieron a la resistencia armada a la ocupación de Irak con la política de “divide y vencerás”.

Esto ha forzado a apoyarse en los partidos chiíes, que han estado preparándose para promover sus propios objetivos a través de la colaboración con los ocupantes.

Vulnerabilidad

Así, para luchar contra un enemigo, los EEUU han incrementado su vulnerabilidad frente a otros. Un general retirado de los EEUU contó al periodista e investigador Seymor Hersh que, a pesar de que las tropas británicas ocupan el sur de Irak, “los iraníes pueden tomar Basora con diez mullahs y un camión”.

Nuri al-Malaki, cabeza visible del gobierno títere de Irak, de cuya supervivencia depende el poder militar de los EEUU, ha denunciado el ataque de Israel en el Líbano.

De acuerdo al New York Times, “Los comentarios vertidos por el sr. Malaki, un árabe chií cuyo partido mantiene lazos con Irán, fueron un aviso mucho más contundente que los realizados por los gobiernos árabes sunníes en los mismos días”.

Los EEUU no pueden mantener su dominio en Oriente Medio a menos que pongan en práctica la conquista de Irak meditante un cambio de régimen en Irán. He aquí el detallado plan del Pentágono, revelado por Hersh en abril, de un ataque militar a las instalaciones nucleares iraníes. Pero atacar Irán no es tarea fácil. Rusia y China se muestran disconformes tanto para imponer sanciones, como para castigar a Irán por el supuesto programa de armas nucleares.

Mientras tanto, el Presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad ha montado una campaña retórica contra Israel que está claramente dirigida a ganarse a la opinión pública del mundo árabe, con un éxito considerable.

Militarmente, Irán quizás no sea un rival tan fácil como parece. La popularidad nacional de Ahmadinejad demuestra que el régimen todavía tiene una base social que un ataque israelí o estadounidense sólo contribuiría a ensanchar.

El periodista independiente Mark Gaffrey reveló en octubre de 2004 que Irán está armado con misiles cruceros anti-barcos, de fabricación rusa, para los cuales la marina estadounidense no tiene defensa.

Todos estos escollos ayudan a explicar por qué la Administración Bush, después de levantar una crisis internacional por el programa nuclear de Irán, ha adoptado en los últimos meses una política más cautelosa. El ofrecimiento a hablar directamente con Irán enfureció a muchos apoyos neo-conservadores de Bush.

Bajo la estrategia de Bush de falsos compromisos, queda por remover el obstáculo que el régimen de Irán representa para el dominio de los EEUU en Oriente Medio. De ahí la razón por la que Bush no tardó en apoyar a Olmert en su ataque al Líbano. Se le presentó una oportunidad como caída del cielo para poder debilitar a Irán.

Precisión

Sin embargo, no está claro que esta política surta efecto. Las guerrillas de Hamás y Hezbolá han cambiado el equilibrio del poder militar gracias a los misiles. La artillería y aviación israelí son insuficientes para detener los ataques con misiles, así lo ha demostrado Hezbolá desde que comenzó la ofensiva israelí contra el Líbano.

Las incursiones con tropas terrestres quizás fueran más efectivas en la eliminación de las plataformas de lanzamiento de misiles de Hezbolá.

Pero desplegando tropas de tierra, podría incrementarse el número de bajas israelíes, que ya ha sido bastante alto. Y matar a combatientes de Hezbolá podría no destruir a Hezbolá –por cada bomba o artillería de Israel se reclutan muchos más combatientes.

Israel podría fácilmente verse arrastrada a una especie de guerra de desgaste y debilitamiento, tal y como le pasó en el Líbano después de 1982 y le está pasando a EEUU en Irak y Afganistán. Un veterano corresponsal de guerra israelí contaba al Washington Post, “Para deshacerse de los cohetes, tendrías que ocupar el territorio.”

“Si tomases el Sur del Líbano, quizás se resolviese el problema de los cohetes de corto alcance. Entonces, la gente te diría que Hezbolá encontrará misiles de largo alcance. ¿Ocuparías entonces el norte del Líbano?”

Este dilema quizás explique por qué Israel está apoyando ahora la idea de que una fuerza especial de paz europea tome en sus manos la tarea de desarmar a Hezbolá.

Como en Irak, un fallo en el Líbano podría impulsar a Israel y a EEUU a extender la guerra –no sólo contra Irán, sino también contra el régimen de Siria que apoya a Hezbolá.

Es improbable que se produzca un conflicto global, como pasaba en al Guerra Fría. Rusia y China se contentarán con permitir a EEUU debilitarse a sí mismo, sin intervenir directamente.

Pero los EEUU e Israel han creado una situación espantosamente destructiva y peligrosa que engendrará más terrorismo. El único camino para acabar con él es identificar la causa real –el imperialismo estadounidense y su determinación por dominar el mundo.